martes, 6 de enero de 2015

EL SUEÑO DEL TEATRO

EL SUEÑO DEL TEATRO
 
Había leído en una publicación testimonios y opiniones de alguna profesional y algún gestor cultural sobre el teatro amateur navarro que se me habían indigestado.

Al meterme en la cama empecé a soñar con un panorama teatral idílico. No era real, era una especie de hoja de ruta de hermosas expectativas. De pronto me vi pensando en esas cosas en el asiento de un avión que empezó a vibrar y tener violentas sacudidas hasta que una luz blanca resplandeciente acabó con mi sueño.  Tuve la sensación de que no habría supervivientes a la catástrofe.

Eran las cinco de la mañana y estuve dudando si levantarme a escribir las ideas que habían circulado por mi mente en aquella pesadilla; pero la cama era demasiado acogedora. Hoy me he levantado con ganas.

 

Soñé con teatro en las aulas como hace cincuenta años. Para todas las edades, escenificación de cuentos, parodias sobre la actualidad, dramatización de relatos, representaciones simbólicas, piezas breves de teatro... El teatro era una experiencia educativa ineludible en todos los centros escolares e institutos.

En todas las localidades navarras había un Teatro Estable Local que se nutría con el alumnado de las Escuelas de Teatro Locales. Por supuesto cada localidad tenía un espacio con aforo adecuado, donde se producían los encuentros teatrales con el público. Me vino a la cabeza Beire que tiene un modesto  espacio que se llena cuando hay “comedias” en el pueblo. Estas escuelas montaban muchas veces espectáculos en colaboración con los alumnos de las escuelas de música, con los grupos de danzas o con otras agrupaciones artísticas de la localidad. Entre estas localidades se producían intercambios teatrales que posibilitaban que otros públicos disfrutaran de los trabajos de estos alumnos y alumnas.

Quienes querían profundizar en su formación teatral tenían posibilidad de continuar sus estudios oficiales en la Escuela Navarra de Teatro que daba títulos de formación profesional y facilitaba el acceso a estudios dramáticos universitarios. De la Universidad Navarra salían grandes profesionales, excelentemente preparados, con una experiencia formativa completísima,  que  tenían oportunidad de trabajar en distintos campos como la docencia, la escritura, interpretación, dirección, producción, iluminación, vestuario, escenografía... Algunos despegaban y eran reconocidos a nivel nacional o participaban en espectáculos, circuitos y giras internacionales. Me acordé de casos que ya son una realidad.

Por supuesto el público era asiduo a los encuentros teatrales de las localidades o se desplazaba a disfrutar de programaciones en los teatros de la capital o en festivales de teatro que con distinto formato y características se organizaban por toda la geografía navarra: teatro de calle, teatro clásico, popular, asociativo, nuevas tendencias... Los aforos siempre se llenaban o no bajaban de tres cuartos de la entrada.

La excelente formación y la cuidada realización de los espectáculos creados por los teatros estables de titularidad municipal, por las empresas, fundaciones, asociaciones... proporcionaban al público una gran satisfacción por la diversidad de su oferta y el interés artístico de las propuestas dirigidas a públicos de distintas características.

En el acercamiento de estas propuestas a los públicos adecuados tenía gran importancia la gestión cultural. Programadores y gestores culturales por su conocimiento y cercanía a las propuestas autóctonas las apoyaban sin dejar de propiciar encuentros del público con compañías foráneas. Cumplían una importante función por su relación cercana al público para mantenerlo, satisfacerlo, educarlo y alimentar su interés por el teatro con sus mayúsculas complejidades.

Quizás soñé más cosas o las estoy imaginando ahora; pero el avión explotó.

 
Cuando uno sueña siempre lo hace tomando su realidad como referencia y aunque mi sueño esté muy alejado del actual panorama navarro y asumo que jamás conoceré un horizonte teatral semejante; no se aleja mucho de la actualidad Navarra con otras disciplinas artísticas como la música. Tampoco deja de ser el sueño de muchos navarros que han dedicado su vida, al impulso de las artes escénicas en Navarra; desde su profesión, desde sus  responsabilidades públicas,  en la gestión cultural o desde su trabajo de base en ámbitos asociativos.

Muchas veces cuando reflexionamos sobre el teatro olvidamos al público, que es quien paga los impuestos y hacia quien se dirigen los servicios culturales. Las subvenciones a empresas o asociaciones culturales, no se cubren con lo que contribuimos las personas físicas o entidades que nos dedicamos a estos sueños teatrales. Nuestros sueños (vivir del teatro, vivir el teatro o hacer del teatro algo vivo), no merecerían ni un céntimo de ayuda pública si no fuera por el público. Es al público al que se subvenciona para que tenga un acceso libre e igual a la cultura, porque es su derecho.

Nosotros, los que nos dedicamos a hacer teatro o gestionar teatro y recibimos esa ayuda pública como facilitadores de ese acceso del público a la cultura; tenemos una gran responsabilidad de hacerlo con miras al interés general de la sociedad y del teatro; para lo que es necesario mantener un diálogo  y  colaboración permanente  entre instituciones y agentes culturales. Colaboración y diálogo que no puede darse más que partiendo del respeto a la aportación de todas las personas y  hacia el dinero público que reciben nuestros proyectos.

El diálogo con todos los agentes ha sido la forma en que desde la Federación Navarra de Teatro Amateur se han propiciado proyectos y colaboraciones de gran interés en el panorama teatral navarro como la Muestra Navarra de Teatro Amateur, la participación en el Festival de Teatro Clásico de Olite de compañías amateurs navarras, los ciclos de teatro amateur en distintas localidades, la apertura de los espacios públicos al teatro asociativo, el Festival de Teatro del Tercer Sector, la participación en programas de intercambio a nivel estatal y en Festivales nacionales... todo esto sin dejar de ser cada grupo en cada localidad o en cada barrio el germen de ese sueño del teatro que he compartido.
 
Las opiniones de algún profesional del teatro que se empeña en que estudie medicina para hacer teatro o quiere que me dedique a hacer masajes en la espalda a mi prima,  que habla de intrusismo cuando recibe subvenciones como asociación con las que contrata a su propia empresa o gestores que llevan cuarenta años compartiendo su profesión con la dedicación al  teatro como amateur y profesional y desaprueban la ayuda pública al tejido teatral asociativo... me indujeron este fructífero sueño. Lo que no acabo de entender es el significado de la explosión final.   

Ojala esa luz brillante sea el anuncio de una nueva era para el teatro navarro abierto a los  nuevos retos sociales, a la revitalización de las infraestructuras teatrales y los recursos artísticos de nuestra comunidad. Que no sea tan solo un feliz sueño de una noche de reyes.
 
 
Javier Salvo
Enero 2015